Herir a otros no sale gratis.
Herir a otros pasa una factura emocional. Es un acto que queda en nosotros y nos pesa de alguna u otra manera.
Si tienes conciencia y empatía, harás tuyo el dolor de la otra persona y lo sentirás del mismo modo que ella.
El daño que generas también queda en ti y deja una marca que, aunque no lo creas, es imborrable.
Herir además tiene en muchas ocasiones la consecuencia de la pérdida. En algunos casos esa pérdida será temporal y se redimirá mediante el arrepiento y el perdón. En otros será definitiva.
Existen muchas formas de herir, pero sin duda la peor de todas es la que traiciona la confianza. No hay nada más sincero y profundo que pueda otorgarte alguien que su confianza, y si traicionas esto estarás dando donde más duele.
Volviendo al perdón, éste puede sanar una herida, pero la cicatriz siempre estará ahí. Tanto que alguien puede perdonarte pero no desear que las cosas sean como antes.
Intenta no herir. Esto solo generará dolor.
Cuida tus acciones y piensa antes de actuar.
Si aún así cometes el error, tendrás que asumir tus actos, las consecuencias y el dolor. Trata con ello de evolucionar hacia una mejor versión futura.
Sobre todo recuerda: intenta no herir. Porque una herida que sangró una vez deja una huella para toda la vida.